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  • Compartir Ser en lo humano
    Jun 26 2026

    Compartir Ser en lo humano


    Mediante la meditación alcanzamos un estado neutro desde el que podemos observar y reflexionar sobre lo que acontece en nuestra vida humana. El lugar perfecto para distanciarnos y poder despegarnos de las reacciones automáticas que nos arrastran en el río de la vida.


    Cuando compartimos con los demás nuestras mejores intenciones para con la vida, “por la paz”, para mejorar la experiencia humana, partiendo desde ese estado de interiorización, lo hacemos mediante el lenguaje verbal, nuestros actos y movimientos y es motivo de reflexión la observación de sus resultados, de la posibilidad de generar un estado común.


    Somos conocedores de las dificultades que entraña en poner en común, incluso lo que consideramos lo mejor y más idóneo.


    Es realmente importante ser conscientes de la dificultad que entraña el poner en común nuestras ideas e intenciones, ya que lo hacemos desde las posibilidades materiales y humanas que nos son posibles.


    Podemos utilizar, nuevamente, nuestro estado meditativo para reflexionar sobre ello, pues conocemos extensamente los resultados de cada intento de comunicación con los demás, las dificultades que surgen, nuestra implicación personal y cómo nos afecta.


    Cuando nos entregamos completamente a ese ser interior que somos, incondicional, en estado de interiorización, no necesitamos comprender nada, pensar nada. Disponemos de la seguridad que nos aporta el hecho de dejarnos ser, sin ningún resquicio de querer proyectar ninguna idea en nuestro interior, sino con una entrega toral a la Verdad que nos envuelve.


    Somos una realidad interior, que cuando la aceptamos íntegramente, ya no necesitamos entender nada porque sabemos que somos una constante interior.


    Cuando nos contemplamos desde nuestra comprensión humana adquirida es completamente natural “no saber quién somos”, intentamos reconocernos reales en base a sentirnos representados en nuestra realidad corporal, cambiante y efímera, que a duras penas logramos aceptar.


    La actividad de nuestra mente pensamiento está dedicada a realizar una abstracción con todo el conocimiento adquirido para sostener una idea de ser “algo” que se sostiene en el propio pensamiento.


    Puede llevarnos mucho tiempo llegar a disponer de un cúmulo de pensamientos que lleguen a un equilibrio permanente, de manera que podemos vivir con relativa satisfacción y tranquilidad.


    Incluso, podremos compartir ese estado mental de equilibrio con otras personas, quizás, después de mucho tiempo y conversaciones, de manera, que ese estado de equilibrio sea compartido hasta tal punto que ya no sea necesario sostenerlo, ya que se alcanza la sensación de ser lo que se es, de no tener una diferencia con el otro.


    El equilibrio lo alcanzamos primeramente uno mismo, pues se trata de neutralizar nuestra propia mente. Después, es un gran logro poder llegar a ese estado de equilibrio en grupo. Ya no es necesario confrontar ideas o pensamientos y nadie necesita sostener su propia idea para sentirse libre para ser.


    Mientras estamos en el intento de comprender, vemos que estamos proyectados a la posibilidad de conseguirlo a nivel mental.


    Podemos imaginar esas conversaciones donde proyectamos en un grupo esos intentos de compartir nuestras reflexiones desde nuestra mente pensamiento, pero lo vamos hacer desde una mente neutra, desde nuestro punto de observación interior.


    La idea es que no tengamos ninguna reacción y permanezcamos en la escucha desde nuestro estado interior, observando profundamente lo que se produce, en nuestra propia mente y en la de los demás.


    Uno mismo se sostiene en lo profundo de esa necesidad de compartir sin generar ninguna reacción interpretativa, sin intentar de sostener nuestra propia forma de expresarnos y a su vez, contemplamos el intento de hacerlo desde dentro por parte de los demás.


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    21 mins
  • Soy la fuente de mi atención
    Jun 22 2026

    Soy la fuente de mi atención


    Cuando ya es normal, en uno mismo, encontrar la calma y el descargo de todo lo exterior, cuando desde dentro contemplamos la vida humana como algo que nos cae y no somos, cuando descubrimos que el estado real y permanente, es el que existe en ese espacio de calma, entonces, nos damos cuenta de que es el estado real de todos, que está al alcance de cada persona, que desde dentro nace la compasión hacia todos los seres humanos que nos lleva al deseo de compartirlo y liberar a nuestros seres cercanos.


    De esa manera, surge sin duda, el anhelo de hacer ese estado de paz, nuestro estado natural y hacerlo extensivo a todos los seres humanos. Compartir y entregar serán nuestras mayores satisfacciones.


    Nos será de gran utilidad desarrollar una práctica que nos sostenga de forma continuada en nuestro interior y para ello, nuevamente, es necesario observar detenidamente el movimiento de nuestra atención.


    Para ello, la invitación es a llevar nuestra atención al origen del que surge nuestra propia atención.


    Se trata de seguir el camino de nuestra atención en sentido inverso, como haríamos al subir río arriba para encontrar el manantial de donde surge nuestra atención.


    Nuestros pensamientos, nuestras memorias, nuestras emociones, todo ello está sostenido por nuestra atención. Sin ella son recuerdos almacenados, como dormidos o desactivados.


    Es nuestra atención la fuente de energía que activa todo en nuestra mente, en el espejo de la mente.


    Si nuestra atención dejase de hacer esa función de activar los recuerdos y pensamientos, es como si el Sol dejase de iluminar el mundo y se quedara todo a oscuras. Dejaríamos de ver las cosas, como si nada existiese.


    Son todos nuestros sentidos físicos que perciben la realidad física. Si dejamos de prestar atención a todos ellos, desapareceríamos de la realidad física para pasar a percibir la realidad interior.


    Hay una híper saturación de percepciones físicas mientras esa dimensión es únicamente una de las que pueda haber.


    Toda nuestra comprensión del mundo físico y humano están sostenidos por nuestra atención que se refuerza de forma continua de la pero opción de nuestros sentidos.


    Mientras esa percepción continúe nuestro mundo real se sostiene coherentemente y mantenemos la normalidad de las cosas.


    La práctica de la meditación nos lleva a dejar a un lado las percepciones obtenidas en el mundo real físico de manera que retiremos nuestra atención de todo ello.


    Es como una cobra que está erguida mientras se siente atacada y se relaja para dejarse caer sobre la tierra y descansar en sí misma.


    Es frecuente que muchas personas indiquen que su cabeza es un torbellino de pensamientos imposibles de parar, como si esos pensamientos no existiesen gracias a nuestra propia energía entregada mediante nuestra atención.


    De esta manera disciplinar nuestra atención pasa a ser de primera necesidad.


    Si nos diésemos cuenta de que uno mismo sostiene ese estado mental nos resultaría mucho más sencillo lograrlo.


    “No hay nada en mi mente que no ponga y sostenga yo mismo”.


    Si realizamos ese camino inverso de nuestra atención hasta su origen y lo hiciésemos con verdadero interés, instantáneamente los pensamientos y el apego hacia lo humano decaerían hasta desaparecer.


    “Estaríamos realmente desnudos”.


    Vamos a probar que hemos llegado al centro de uno mismo, el lugar desde donde se activa el querer conocer, saber, hacer. Se trata de descubrir al autor que inicia cualquier acto, cualquier pensamiento o deseo.


    ¡Préstate toda tu atención hasta que la atención no salga de ti mismo!


    Si hacemos esto con plena decisión veremos que nada queda en nuestra mente. Realmente, nuestra mente es el proyecto en el que se despliegan nuestros actos para pasar a la acción, para materializar nuestros anhelos.


    En ese estado, veremos que realmente nuestra atención proyecta una imagen en nuestra mente en base a nuestra necesidad interior de ser y percibirse como real.



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    24 mins
  • Vivir el Ser en lo humano
    Jun 20 2026

    Vivir el Ser en lo humano


    Si suele ser común el que todos buscamos lo mejor y más perfecto, también lo es la imposibilidad de satisfacer ese deseo.


    Tenemos un anhelo notable de lo perfecto, de la Verdad y resulta sorprendente que no logremos alcanzarla cuando lo que es Verdad necesariamente ha de estar presente. Tanto como el suelo que pisamos.


    Nos podríamos preguntar sobre el motivo de que nos resulte tan difícil conocer la Verdad, cuando es lo único que siempre permanece y nos acompaña.


    ¿Cómo es posible que la Verdad no pueda ser tocada como para tener una experiencia directa con ella?


    Las personas que consideramos sabias dicen: “yo solo sé que no se nada”, “nunca alcanzaré a conocer la Verdad”.


    Necesitamos reflexionar sobre la causa de que la Verdad sea tan esquiva.


    Si recordamos nuestros primeros años de vida, siempre hemos tenido la misma sensación de existir, que nos hemos ido adaptando a la comprensión del mundo material y humano y sin embargo, nos falta un conocimiento conectado con la Verdad.


    Nuestra consciencia comienza la vida humana en un estado de vacío, inmaculado, conectándonos con la realidad física de nuestro cuerpo, a través del cual nos llegan sensaciones y percepciones físicas gracias s los sentidos corporales.


    En el inicio, no disponemos de ninguna comprensión de la realidad humana, estamos como en blanco y sin embargo, existe ya una sensación de ser algo real.


    Nuestro cuerpo se desarrolla y dispone de diferentes órganos, de un cerebro que recibe las sensaciones físicas y las comienza a integrar, de manera que comenzamos a interrelacionarnos con el entorno material, con el que terminamos por reconocernos en él mediante una identidad física.


    Gracias a todas esas sensaciones que recibimos desde nuestro cuerpo nos asemejamos, desde nuestra sensación de existir, con la realidad corporal, que tanto en cuento, se relaciona con otras realidades diferentes, comenzamos a desarrollar la sensación de separación, pues existen muchas otras realidades.


    Nuestro sistema nervioso va integrando toda la realidad de nuestro propio cuerpo con sus sensaciones y de toda la realidad circundante.


    De este modo, nuestra sensación de existir y ser algo se asemeja a una identidad que se genera en base a esa interacción con los demás.


    Seguiremos construyendo nuestra idea de yo mediante la interacción en base a las reacciones que los demás tienen hacia nosotros, notablemente condicionados por nuestro entorno.


    Terminamos por sentirnos correspondidos completamente en la realidad humana en la que nos hemos instalados.


    Durante los años iremos asemejándonos a nuestra edad, nuestra situación, en una sucesión que nos embelesa y conduce hacia nuestra disolución como realidad humana. Soltando todo rastro de vida.


    El orden es: primero existo, después me asemejo a una idea de yo, para más tarde me veo obligado a soltar esa identidad humana al no disponer ya de un cuerpo.


    Uno podría preguntarse: ¿desde dónde se generan nuestras necesidades y anhelos de ser, desde el que existe desde siempre o desde esa idea de yo humano?


    Nuestra consciencia despierta en una realidad humana, pero cuando anhelamos lo perfecto, ¿quién lo anhela?


    ¿O lo anhelamos porque no nos reconocemos en la idea humana de ser un cuerpo separado?


    ¿Desde dónde se origina esa búsqueda de lo perfecto? ¿Desde un pensamiento o desde esa necesidad de encontrar la realidad que somos y no vemos con nuestros ojos físicos con los que nos reconocemos?


    Sin duda que se origina desde nuestra realidad interior, que al haberse asemejado a una realidad humana, necesitamos que se vea reflejado o reconocido en lo humano.


    Nos volcamos así en la búsqueda de una realidad que intuimos que existe y lo haceos en la vida humana. Nos empeñamos en encontrar fuera algo que pertenece al ser interior que somos.


    La necesidad de ser desde el interior, según la anhelamos, es el impulso que nos lleva a buscar, a construir, a lograr tantas y tantas metas, que se revelan...

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    19 mins
  • Reconocer la realidad del Uno
    Jun 18 2026

    Reconocer la realidad del Uno


    En cada ocasión que entramos dentro en meditación con la intención de reconocer nuestra realidad consciente, avanzamos un poco más en su identificación, una identificación que no se basa en elementos materiales, ni del conocimiento humano adquirido mientras transcurre la vida.


    Se trata de reconocer una realidad diferente de uno mismo mediante elementos percibidos como desde otro tipo de sentidos, que no responden, ni se corresponden, con los sentidos ordinarios, pero no por ello, dejaremos de reconocerlos como reales.


    Así, lo que solemos llamar fe, se refiere a una percepción ajena a los sentidos ordinarios, pero muy real para los sentidos de nuestra realidad interior.


    Con la práctica sabremos perfectamente qué es entrar dentro. Se trata de retirar nuestra atención de todos los fenómenos humanos sostenidos en nuestros pensamientos.


    Por mucho que lo intentemos, nos resultará imposible compartir nuestra realidad interior mediante el exterior, mediante expresiones basadas en las percepciones físicas.


    Puede que lo intentemos, ya sea con la palabra, la voz, el canto, las artes, la musica, pero no serán más que aproximaciones de esa realidad interior que nos pide y reclama.


    Querer compartir en lo humano lo que anhelamos desde el interior es una tarea bastante complicada, no solo para uno mismo, sino para todos.


    Necesariamente asumimos nuestra identidad generada mediante nuestra identificación con la realidad física de nuestro cuerpo y por ello, será nuestro intermediario natural.


    Cuando comprendemos la causa de ese intento de encontrar en lo humano lo que nuestro anhelo nos reclama, podremos observar desde dónde nace, lugar desde el que somos reales.


    El comprender que todo parte desde ese lugar donde se origina el anhelo, junto con nuestra necesidad de adherirnos a algo para reconocernos reales, o de algún modo, nos permitirá reconocer que no somos el ser humano que pretende experimentar la realidad interior en su medio físico.


    Esto es algo que nos llevara su tiempo asimilar, ya que estamos identificados plenamente con nuestro cuerpo y la realidad que nuestros sentidos físicos nos permiten reconocer.


    Tendremos que entrar en meditación frecuentemente, aceptando que únicamente somos el ser que existe en el interior, reconocerlo como nuestra realidad permanente, aún insistiendo en verse representada en actos humanos.


    Cuando reconocemos que somos el ser que anhela desde el interior, y no ninguna representación mental, o física, que pretende reconocerse, es cuando encontraremos la calma de simplemente ser. El propio anhelo es sin salir de uno mismo, el reencuentro con la propia realidad de ser.


    De ese modo, ya no necesitaremos representación, ni realizar actos, ni seguir buscando lo que somos.


    Cuando llevamos mucho tiempo reconociendo esa realidad interior que somos, es cuando podemos observar el inmenso recorrido que hacemos desde el interior habitado, hasta una posible manifestación exterior en la vida humana.


    No es de extrañar, que queramos guardar silencio, o decidamos no expresar, ni intervenir en ningún modo.


    El simple hecho de pensar sobre lo que somos, ya nos proyecta en ese pensamiento e impide la permanencia en el contacto con nuestro interior.


    El dejarnos ser permanentemente sin trasladarnos a un pensamiento, o a algún conocimiento, permaneciendo en la sensación de ser, es la puerta que nos lleva a nuestro camino interior.


    ¿Cuantas veces he mostrado intentado compartir estas experiencias con otros seres humanos y al hacerlo nos hemos proyectado a pensamientos perdiendo la posibilidad de ser?


    Infinidad de veces intentamos compartir, honestamente, nuestras experiencias de cercanía a la Verdad y al hacerlo generamos pensamientos que son recibidos de ese modo, de tal manera que lo que compartimos no es ya la Verdad.


    Interiormente deseamos compartir la realidad interior con los demás y a su vez, necesitamos ser silenciosos para sostenernos en ella.



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    17 mins
  • La importancia de parar
    Jun 8 2026

    La importancia de parar


    Para poder experimentar una vida humana, necesitamos encarnar en un vehículo físico, que dispone de órganos que nos permiten percibir la realidad física en la que se instala nuestro cuerpo, se desarrolla y facilita la vida humana.


    De esa manera, nuestra identidad interior se identifica y asemeja a la vida en el cuerpo y sus límites. Nos vemos involucrados en una secesión de experiencias sujetas al espacio y el tiempo.


    En esa sucesión de eventos, muchas veces nos vemos arrastrados y capturados por esa idea de “yo humano” que nos absorbe y es necesario parar, para recolectar con nuestra realidad interior.


    Es nuestro interior el que anhela logros en lo humano según los desea y añora y de ese modo, nos vemos arrastrados a una interminable sucesión de actividades.

    Muchas veces nos olvidamos de pararnos para reflexionar sobre lo que realmente queremos.


    Se hacer necesario parar completamente, e indagar profundamente, en la raíz de nuestra carencia.


    En muchas ocasiones contactamos con otras personas o grupos, en ese intento de calmar nuestro interior, generándose más y más frustración.


    Nos quedamos como a medias, intentamos proyectar nuestro anhelo en un suceso externo, que siempre pasa, mientras que nuestra demanda interior no cesa.


    Seguramente llegará el momento en que sabremos que ese contacto con lo real, con lo que anhelamos, únicamente lo vamos a lograr prestándonos plena atención a nuestro interior.


    Observaremos que desde dentro surge el impulso del anhelo, o la añoranza, y que iniciamos el intento de actuar para satisfacerlo o darle salida.


    Se hace muy necesario reflexionar sobre la relación que tenemos con nuestro interior y para ello, necesitamos pararnos.


    Veremos que tenemos una noción sobre ser una realidad humana que intenta responder a otra realidad que parece estar dentro de nosotros.


    De esa manera, observamos que hay una entidad “yo pensada”, que es la que se ha generado durante nuestra vida humana, fruto de nuestra adaptación a ella, a través de la que vivimos lo humano.


    Por otra parte, observamos una presencia interior, como sorda y oculta, sobre la que no solemos pensar y que realmente es la que activa al “yo pensado” como medio para satisfacer sus necesidades.


    Cuando meditamos, lo que hacemos es ralentizar ese pensamiento que somos de manera que nos damos la posibilidad de percibir otras realidades que no se basan en el acto de pensar. Noa acercamos más es esa realidad interior que siempre está.


    Nuestro “yo pensado” es el que se comprende a sí mismo a través de la realidad exterior efímera, como un proceso adaptativo que evoluciona y termina y que es nuestro personaje adaptado que sostenemos en nuestras relaciones humanas.


    Nuestro interior, siempre está pulsando como para intentar manifestar una realidad diferente que no logra enmarcarse en lo humano.


    Entrado en meditación, relajando nuestra idea de yo y sus movimientos, podemos observar nuestra mente con gran detenimiento mientras nos separamos de el yo pensado, ya que para contemplarlo como una realidad, necesita pensarse.


    En es punto, podemos preguntarnos, ¿se trata de dos realidades diferentes, o son simplemente dos estados diferentes de una misma realidad?


    Si es así, desde mi capacidad de pensar y actuar, podré comunicarme con mi realidad interior.


    Puedo acercarme cada vez más a la sensación interior de ser que se percibe en el momento en que dejo de pensarme.


    Son como dos dimensiones interconectadas mediante la atención.


    Si llevamos la atención a la sensación interior de ser, sin activar la necesidad de pensar sobre ese realidad percibida, podré incrementar la sensación de ser de forma consciente y podré preguntarme: ¿Dónde está la idea de yo?.


    ¿Es una realidad? ¿Es algo más que pensamientos, recuerdos, sensaciones?


    Cuando estamos completamente observando nuestra realidad interior sin generar pensamientos, es como si la realidad humana no existiese en ese momento.


    ¿Puedo darme cuenta de ello?



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    12 mins
  • Salirnos del guion
    May 22 2026

    Salirnos del guion


    Tendremos que buscar la forma en que podamos incrementar nuestra escucha interior y a ser posible, normalizarla a través de manifestarlo de alguna manera en la vida humana.


    Se diría que el objetivo seria poder expresarlo en lo humano de algún modo para ir comprobando, poco a poco, que es posible vivir, conscientemente, desde lo real de uno mismo, aunque “no sea de este mundo” es lo que siempre está.


    Cuando nos hemos familiarizado con nuestro interior, nos sorprenderá bastante el desarrollo de la vida humana. Por un lado, comprobar de qué manera nos absorbe y arrastra, y a su vez, lo separados que nos sentiremos de lo común de la vida humana.


    Somos conscientes de que estamos unidos a un cuerpo humano, que se desarrolla y envejece, que nos sirve para realizar ciertas acciones en ese querer expresar que existimos y anhelamos cosas.


    Estemos o no, absorbidos por los sucesos humanos, intervenimos en ellos y somos corresponsables junto con los demás.


    Trabajamos y nos relacionamos necesariamente para poder sostener nuestra vida, pero somos perfectamente conscientes de que esa experiencia termina.


    Se podría decir, que no llega a ninguna parte, ya que no hay acto, o logro, que perdure para uno mismo.


    Por mucho que hayamos podido aportar a los demás, nada de ello quedará, ni para uno mismo, ni para nadie.


    Todas las vidas terminan y nadie queda para recibir tanto esfuerzo.


    Hay objetivos, hay acciones, sucesos, que se desarrollan a lo largo del tiempo y del espacio mientras observamos como discurren, nos impliquemos o no con ellos.


    Conscientemente podemos aceptar esa implicación, como seres humanos que estamos siendo, dando una imagen coherente a los demás de nuestra identidad aparente, del mismo modo en que los demás nos aportan esa imagen coherente.


    No nos queda más remedio que aceptar que somos una imagen para los demás, por mucho que nos hayamos desidentificado con ella.


    Es como participar en una obra de teatro sabiendo que uno mismo no es ese actor, incluso que uno no es ese cuerpo que aparenta una identidad humana.


    Mientras no seamos capaces de comunicarnos con la realidad interior de otros, no sabremos si esos otros actores de la obra, se olvidaron de su identidad interior o no.


    La propia obra tiene su desenlace pactado y todos seguimos el guión.


    Parece que las reglas del juego son relacionarnos como personajes de la obra y no, desde nuestra realidad interior. Como si todos los actores hubiesen olvidado lo que son y solo contemplaran las condiciones de la obra.


    Nuestro ser interior despierto contempla el principio de la obra y su final. Como si pudiera verlo desde otra dimensión. La dimensión de nuestro ser interior.


    Como si fuese un espacio con un tiempo diferente donde apenas hay movimiento, únicamente la contemplación del tiempo humano mientras transcurre.


    En una película se produce un fenómeno parecido, el tiempo de la película puede abarcar años de vida, mientras que el espectador permanece estático, en su butaca, mientras transcurre.


    Podemos reconocernos como un personaje de la obra, en su espacio y tiempo, y a la vez, percibirnos como el observador interior, que permanece fiera del espacio y del tiempo.


    Si permanecemos en nuestro interior, con la atención completamente entregada, podemos permanecer en nuestro centro como si nada ocurriera en la “vida interior”.


    Naturalmente que no es algo sencillo, desentendernos desde dentro de la realidad cambiante y efímera de la vida en la que despertamos al nacer y tanta adherencia tenemos con ella.


    Todo lo que experimentamos en la vida humana está sujeto en la percepción de nuestros sentidos físicos y de ellos, se forman imágenes pensamiento con las que estamos identificados y en base a ellas.


    ¿Seríamos capaces de reconocernos en nuestro espacio interior al margen de todas esas percepciones físicas?


    Se trataría de permanecer en la percepción de la realidad interior mientras interactuamos mediante nuestro cuerpo físico.

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    13 mins
  • Somos la paz que buscamos
    May 22 2026

    Somos la paz que buscamos


    En estos días en los que tantas personas están despertando de este sueño humano, que parece no llevarnos a ningún sitio, que termina con la muerte, y en el que no logramos sentirnos verdaderamente vivos y reales, se hace necesario volver la mirada hacia nuestro interior, el único lugar que nos acompaña durante la vida.


    Dedicarnos tiempo a descansar de las cosas de la vida para escucharnos a nosotros mismos sin el pensamiento de estar solos.


    Realmente, cuanto más solos estamos, más posibilidades tenemos de estar con uno mismo. Aceptar la soledad, como la mejor manera de sentir nuestro interior es un gran paso para saber quién somos.


    Algo que podemos tener muy claro son los innumerables tipos de estados en los que nos podemos encontrar, casi siempre, referido a las situaciones y sucesos que nos acaecen.


    Todo lo que vivimos lo percibimos a través de nuestros sentidos y obtenemos la visión y el pensamiento de lo que sucede. En una vida en la que nos hemos identificado en gran medida por todo ello, es lógico que nos sintamos representados por los sucesos vividos.


    Nos permitimos un pequeño margen para separarnos de esa identificación, de manera que somos como víctimas y esclavos de todo ello.


    En la medida en que todo ese pensar en lo que nos ocurre nos absorbe, es en la medida en que no percibimos que nuestra realidad interior es verdadera, sino más bien una sensación incómoda que intentamos evitar.


    Buscamos durante la vida lograr un estado estable inútilmente, zarandeados por los sucesos deseables e indeseables. Todo pasa y se nos escapa.


    La vida pasa ante nuestra mirada y no logramos darnos tiempo para separarnos de todo ello para reconocer nuestra permanente realidad interior.


    Nuestro ser interior asocia su realidad a los actos, acciones y metas en lo humano, como si algo de ello pudiera llevarnos a sentirnos reales en nuestro interior, que es desde donde iniciamos todas las acciones con la esperanza de que nos retorne lo que anhelamos desde dentro.


    Nuestro interior nos manifiesta el deseo de lo permanente y perfecto, tiene vocación de ello y nos trasmite la necesidad de obtenerlo, mientras que no logramos hacer otra cosa que buscarlo en el mundo efímero, incapaz de satisfacernos interiormente.


    Esta característica de nuestro interior de permanecer y estar en un estado perfecto es muy bueno que la identifiquemos y la conozcamos, pues es la causante de nuestra dependencia a todos los niveles con respecto a la realidad humana.


    Una vez reconocemos que se trata de un anhelo de nuestro interior y nos demos cuenta de que realmente anhela su propia realidad, tendremos la posibilidad de estar con uno mismo con la mayor de la satisfacciones eliminado toda dependencia.


    Sin duda alguna, ese anhelo ha de ser un recuerdo de una realidad diferente de la realidad humana y su característica material.


    Así entendemos la expresión “estar en el mundo sin ser del mundo”.


    Nuestra realidad interior es un estado de paz perfecta y es lo que encontramos en el momento en que nos demos cuanta de que somos ese ser interior que no es de este mundo.


    La falta de paz es una característica inseparable de la realidad humana, característica que ha de ser indispensable para que anhelemos la realidad del ser interior.


    Si no fuese por esa característica y ese recuerdo de la realidad del ser, seguramente vagaríamos eternamente por la realidad limitada del ser humano.


    Esa paz está siempre dentro de todos como una opción a reconocer.


    Si nos separamos de todas las cuestiones humanas, sabiendo que todo es efímero y termina, no tardaremos en recibir paz y lo que nuestro ser puede entregarnos.


    Cuando queremos tener paz, hemos de meditar con la paz interior, no es necesario hacer nada por la paz, ya que es el estado natural de nuestro ser interior.


    Podremos observar, que algo que está de forma natural, forma parte de nuestro ser sin más.


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    14 mins
  • Los despiertos se dejan ver
    May 22 2026

    Los despiertos se dejan ver


    Cuando la utopía se disuelve nos damos cuenta de que siempre hemos sido eso, una realidad ocultada que ahora la permitimos se manifieste desde su origen.


    Lo considerábamos utópico porque no había una ínter relación con otros, creyéndonos extraños y raros, como si nos ocurriera únicamente a uno mismo.


    Cuando es frecuente reconocer en otros ese manifestarse desde dentro, es que algo está cambiando.


    Siempre hemos sido esa realidad interior. Siempre hemos querido y deseado manifestarlo como seres humanos aunque nos hayamos visto tan limitados y frustrados.


    En el pasado hemos tenido que renunciar a esa realidad interior para adaptarnos a esta sociedad humana, en la que se establecían los limites en los que podíamos considerarnos reales.


    En base a ello, se generó una idea limitada de lo que éramos y desde ella, concluimos que era el límite de lo posible en nuestro sensación de ser.


    “Era un utopía dejarnos ser tal cual sentíamos interiormente que éramos”.


    De esa manera todos hemos cooperado en decir: “no, es ser humano es malo por naturaleza”.


    “No puede haber una vida humana llena de luz, llena de amor, todo eso es una utopia”.


    Sin embargo, actualmente cada vez más seres humanos estamos recuperando esa visión de uno mismo que teníamos antes de aceptar la imposibilidad de ser lo que éramos. Antes de adaptarnos a la aceptación de ese límite humano impuesto.


    Volviendo al espacio interior mediante la meditación recuperamos esa identidad interior de forma cada vez más clara, lo que nos permite observar como nuestra vida humana nos condiciona y limita.


    Podemos observar cómo hemos aceptado que no podemos ser plenos, que no podemos amar, que no podemos superar tantos limites.


    Llega un día en que conseguimos recuperar ese contacto con la realidad interior, por muy apartado lo tengamos, que recuperamos ese contacto con esa sensación de ser una realidad interna.


    Es como si despertáramos nuevamente en medio de la madurez de un ser adulto con a posibilidad de acogernos, sostenernos, con la seguridad que ahora podemos darnos.


    Podemos observar nuestra identidad adquirida e impuesta desde dentro y percibir que es una idea mental accesoria e innecesaria de manera, que podemos dejarlo a un lado y permitirnos que nuestro interior se despierte y expanda desde dentro.


    En ese dejarnos ser, podemos observar la enorme cantidad de energía que afluye hacia nosotros, que nos sostiene y mantiene vivos.


    Pareciera que toda esa energía hubiese estado esperándonos a dejarla fluir. En ese dejarnos fluir nuestra mente está vacía de pensamientos y creencias, no hay nada que pueda decirnos que es imposible dejarse ser la realidad interior que es sostenida.


    En vez de eso, todo nuestro cuerpo y nuestra mente se llenan de la sensación de ser real, de ser verdad, que va más allá que todo lo que hemos vivido, de todo lo que hemos aprendido o pensado.


    Es hora de manifestarse en la vida humana desde esa realidad interior despertada que se despliega en todas las direcciones. Quedando ridícula y obsoleta la idea de que esto es una utopía.


    Es una experiencia a nuestro alcance que se puede compartir con todos los seres humanos incondicionalmente seguimos dejándonos llenar por el flujo interior sin añadirle nada.


    Si a ti te está pasando esto, si ves que otros comienzan a despertar, sin duda es que ha llegado el momento en que lo manifestemos en lo humano.


    Es hora de que mostremos nuestra realidad interior sin filtros en lo humano, quizás nos sorprenderemos de no encontrarnos solos.


    Es una irradiación tan potente que posiblemente ayude a que cada ser humanos lo despierte en su interior.


    Despertar el interior, prestarle atención, cuidar de ello, para finalmente brillar emite un reflejo en cada corazón, desde uno mismo y para todos.


    Lo humano no puede contener lo real, pero lo real puede expresarse en lo humano.



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