Los despiertos se dejan ver
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Los despiertos se dejan ver
Cuando la utopía se disuelve nos damos cuenta de que siempre hemos sido eso, una realidad ocultada que ahora la permitimos se manifieste desde su origen.
Lo considerábamos utópico porque no había una ínter relación con otros, creyéndonos extraños y raros, como si nos ocurriera únicamente a uno mismo.
Cuando es frecuente reconocer en otros ese manifestarse desde dentro, es que algo está cambiando.
Siempre hemos sido esa realidad interior. Siempre hemos querido y deseado manifestarlo como seres humanos aunque nos hayamos visto tan limitados y frustrados.
En el pasado hemos tenido que renunciar a esa realidad interior para adaptarnos a esta sociedad humana, en la que se establecían los limites en los que podíamos considerarnos reales.
En base a ello, se generó una idea limitada de lo que éramos y desde ella, concluimos que era el límite de lo posible en nuestro sensación de ser.
“Era un utopía dejarnos ser tal cual sentíamos interiormente que éramos”.
De esa manera todos hemos cooperado en decir: “no, es ser humano es malo por naturaleza”.
“No puede haber una vida humana llena de luz, llena de amor, todo eso es una utopia”.
Sin embargo, actualmente cada vez más seres humanos estamos recuperando esa visión de uno mismo que teníamos antes de aceptar la imposibilidad de ser lo que éramos. Antes de adaptarnos a la aceptación de ese límite humano impuesto.
Volviendo al espacio interior mediante la meditación recuperamos esa identidad interior de forma cada vez más clara, lo que nos permite observar como nuestra vida humana nos condiciona y limita.
Podemos observar cómo hemos aceptado que no podemos ser plenos, que no podemos amar, que no podemos superar tantos limites.
Llega un día en que conseguimos recuperar ese contacto con la realidad interior, por muy apartado lo tengamos, que recuperamos ese contacto con esa sensación de ser una realidad interna.
Es como si despertáramos nuevamente en medio de la madurez de un ser adulto con a posibilidad de acogernos, sostenernos, con la seguridad que ahora podemos darnos.
Podemos observar nuestra identidad adquirida e impuesta desde dentro y percibir que es una idea mental accesoria e innecesaria de manera, que podemos dejarlo a un lado y permitirnos que nuestro interior se despierte y expanda desde dentro.
En ese dejarnos ser, podemos observar la enorme cantidad de energía que afluye hacia nosotros, que nos sostiene y mantiene vivos.
Pareciera que toda esa energía hubiese estado esperándonos a dejarla fluir. En ese dejarnos fluir nuestra mente está vacía de pensamientos y creencias, no hay nada que pueda decirnos que es imposible dejarse ser la realidad interior que es sostenida.
En vez de eso, todo nuestro cuerpo y nuestra mente se llenan de la sensación de ser real, de ser verdad, que va más allá que todo lo que hemos vivido, de todo lo que hemos aprendido o pensado.
Es hora de manifestarse en la vida humana desde esa realidad interior despertada que se despliega en todas las direcciones. Quedando ridícula y obsoleta la idea de que esto es una utopía.
Es una experiencia a nuestro alcance que se puede compartir con todos los seres humanos incondicionalmente seguimos dejándonos llenar por el flujo interior sin añadirle nada.
Si a ti te está pasando esto, si ves que otros comienzan a despertar, sin duda es que ha llegado el momento en que lo manifestemos en lo humano.
Es hora de que mostremos nuestra realidad interior sin filtros en lo humano, quizás nos sorprenderemos de no encontrarnos solos.
Es una irradiación tan potente que posiblemente ayude a que cada ser humanos lo despierte en su interior.
Despertar el interior, prestarle atención, cuidar de ello, para finalmente brillar emite un reflejo en cada corazón, desde uno mismo y para todos.
Lo humano no puede contener lo real, pero lo real puede expresarse en lo humano.