• Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 27.
    Jul 3 2026
    Relato – Doctor Nómada | Bonus track Doctor Nómada (tercera parte) Leer la segunda parte El tráfico de la ciudad era particularmente denso, hacia donde volteara las calles y avenidas eran un estacionamiento, pensé que, eso me tenía con una sensación atípica de cansancio y malestar general. Me esforzaba mucho para mantenerme atento a la videollamada que hacía regularmente de camino a casa y que, por lo visto todos hacían antes de llegar a sus hogares. Al terminar aún faltaba para llegar a mi destino, me recosté en el asiento trasero y no supe en qué momento me acomodé en posición fetal y cerré los ojos. Soñaba que, era un protagonista a algo parecido a la serie juego de tronos, pero en la irracionalidad propia de ese mundo imaginario, al correr a través del bosque caía en una trampa para osos mi tobillo sangraba profusamente, y escuchaba caballos jadeando acercándose, a cada intento por escapar los dientes afilados se clavaban profundamente en el hueso que iba cediendo a cada intento. Varios jinetes me rodearon, sin mediación de ningún tipo, uno de ellos vestido totalmente de negro y sin rostro, sacaba una lanza de su espalda y la enterraba en mi abdomen, mientras la machacaba con furia contra el suelo, el dolor me invadía y me hacía temblar, deseando que todo terminara. Mi nuevo chofer me despertó preguntando ¿si me encontraba bien? Estaba empapado en sudor y temblando, instintivamente me toqué el abdomen y vi que no había pasado nada, todo había sido una pesadilla. Al bajar de la camioneta las fuerzas me fallaron, por nada caigo en el suelo, me quedé unos segundos apoyado en el asiento con la puerta abierta, no sabía qué me pasaba. Le dije al chofer que, no se preocupara, y con todas mis fuerzas logré que las piernas dejaran de temblar, llegué al ascensor y mientras subía al pent house, me comenzó a molestar el abdomen, para cuando logré acomodarme en el sillón de la sala sentía que algo me taladrara los intestinos. El departamento estaba solo, mi pareja se había ido de vacaciones a la playa con sus amigas, fue su regalo de cumpleaños, no sabía a quién acudir, el dolor y el temblor iban en aumento. Lo que menos pensé que ocurriera se manifestó, en medio de mi infierno, de manera súbita mi abdomen se infló como nunca y ruidos de aguda corriendo me avisaban que debía ir al sanitario, tomé aire y todas mis fuerzas para levantarme pero, había sido demasiado tarde, el accidente había ocurrido, ya en pie me esforcé en caminar por el pasillo, apoyado en la pared, apenas había avanzado unos pasos y el dolor apretó con más fuerza, me tuve que sentar en el suelo, el ruido metálico en el vientre me volvía a recorrer, otro accidente ocurrió; lo último que recuerdo, es el suelo de mármol en el que se escurrían mis miasmas con sangre llegando hasta los tobillos. Al intentar abrir los ojos, de lo primero que me percaté es que un tubo invadía mi boca y rasgaba mi garganta, el monitor sobre mi cabeza se aceleró y una alarma comenzó a sonar repetidamente, no pude abrir los ojos, estaban sellados. Una voz dulce y relajada se escuchaba alrededor, sin saber exactamente de dónde provenía, intentaba tranquilizarme, me explicaba porque habían tenido que cerrar mis ojos con cinta adhesiva, y porque un tubo estaba dándole aire a mis pulmones. En los minutos que parecieron horas, logré entender que estaba en terapia intensiva. La voz era de la IA de monitoreo de esa área, la cual me explicó lo ocurrido, una úlcera intestinal se perforó, ocasionando que, la sangre llenara mi abdomen hasta casi vaciarme, igualmente me indicó el tratamiento instituido, quitarme parte del estómago y el intestino; finalmente me explicó lo que tenía que hacer al momento de retirarme el tubo que me ventilaba. Me parecía escuchar las animaciones de la pantalla del avión con las indicaciones ante una emergencia, todo era claro, congruente, pero parecía irreal. Llegó alguien que nunca supe quién fue, retiró las telas adhesivas que mantenían mis párpados cerrados y la luz del cuarto, aunque tenue dolía, no lograba enfocar nada, ahora sí, una voz humanada me pidió que siguiera las instrucciones que había recibido, porque retiraría el tubo de mi garganta. Sentí algo desinflarse en mi cuello, tras ese segundo de alivio, el dolor como el de una sierra se extendió desde mi pecho hasta la boca, el tubo se despegaba dolorosamente, unas lágrimas se me escaparon mientras el aire del ambiente ardía y quemaba en su trayecto hasta mis pulmones. Tras dos segundos de silencio, la persona se alejó, la voz que invadía la habitación continuaba con su letanía acerca de mi estado de salud. Durante los siguientes días sólo entraba una persona que me ayudaba a comer y bañarme. Le preguntaba sobre mi estado, pero desconocía absolutamente todo de mi caso, había sido contratada para limpiar pacientes. Le pedí que por favor le avisara al médico quién era yo, que deseaba ...
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    13 mins
  • Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 26.
    Jun 26 2026
    Relato – Doctor Nómada | Bonus track Doctor Nómada (segunda parte) Leer la primera parte Me levanté como de costumbre, sin sospechar lo que me esperaba ese día y los siguientes. El sonido del despertador, la luz invadiendo la ventana y los ruidos de la calle son tan rutinarios, nada te hace pensar que, tu vida puede cambiar radicalmente y que al mundo eso le importa lo más mínimo. Desperté y antes de abrir los ojos, ya había tomado el teléfono, me deslumbró su pantalla, el corazón casi se me sale del pecho cuando vi que, todos los miembros del consejo directivo me buscaban desde la madrugada, mensajes y llamadas perdidas, una catástrofe de la que no me había enterado. A los pocos minutos de haber cerrado los ojos, llegó un correo proveniente de los cada vez menos empleados que, exigían una junta urgente para discutir el nuevo orden laboral en el hospital, totalmente alterado desde que había llegado la IA, amenazaban con ir a huelga si ignorábamos su petición. Lo que en ese momento era inadmisible ya que no se contaba con la tecnología actual, hoy tal acto de presión sería tan inimaginable como insulso. En media hora habría una junta extraordinaria que involucraba a todos los integrantes de la alta dirección, me habían advertido en sus mensajes que esperaban una propuesta eficaz que resolviera la amenaza. Me alisté lo más rápido que pude y mientras iba en el auto, ya que el chofer también firmaba la petición y estaba emplazado a huelga, en esos segundos de ansiedad frente a la luz roja de los semáforos, barajaba mis opciones, nunca pensé que, esto fuera a ocurrir y aunque no era tan inocente como para no imaginar este escenario, era el que menos esperaba, el más indeseable, porque era el único para el que tenía una respuesta, la más miserale de todas. En la sala de juntas sólo se escuchaban murmullos velados, para la mayoría únicamente era un problema más que les daría tema de conversación en el club, al que llegarían tarde, por lo que no estaban de buen humor. Tras la innecesaria explicación del director de recursos humanos que, sólo sabía lo que todos habían leído en el correo electrónico; al final de su intervención las miradas apuntaban a mi. No sé si es algo generalizado, o así interpreto la realidad y la historia de mi vida, pero siempre ubico ese momento en el que, una decisión en su momento intrascendente, se vuelve en punto rector que condiciona un cambio radical en la sucesión de eventos en la vida, transformando el camino hacia derroteros inesperados pero determinantes. Estoy seguro de que, si hubiera renunciado habría sido la mejor decisión de mi vida, al menos no me hubiera asegurado el abandono y el aislamiento en el que vivo, o mejor dicho, en el que muero. Mi solución levantó caras de incredulidad y desaprobación. Había que mantener la plantilla a como diera lugar, aceptar sus mejorías salariales y en prestaciones sociales. Para sorpresa de nadie el director de finanzas advirtió del impacto que esta decisión tendría en los rendimientos de las acciones, y que aunque las finanzas del hospital lo permitían, sin duda afectarían las ganancias de los inversores. Tras la ominosa noticia, los ojos de todos pedían incendiar mi alma en el infierno, al final lo lograron. Pero en ese momento terminaron de escuchar mi propuesta y les pareció aceptable, nunca esperé que además, fuera la respuesta a muchos otros problemas de los que deseaban deshacerse. Las negociaciones se dieron de la forma más cordial, yo sabía cual era la debilidad de mis colegas, no hay mejor heroe que un gran traidor, y saqué partido de ella. Se cumplieron todas sus prerrogativas que incluían mejoras en su plan de retiro, optimización de las condiciones de trabajo y aumento en sus salarios estancados desde hace unos años. Incluso una cláusula, la que más trabajo me costó que aceptaran los directivos. El impedimento absoluto a ser sustituido por una IA. Toda la mesa mostró indignación ante mi tibieza al aceptar tal requisito, pero los tranquilizó mi propuesta que, incluso lograría mejorar los balances financieros. La transición tomó varias semanas, requirió muchas horas de desvelo para lograr la implementación tras bambalinas, de un espejo virtual de todas las actividades del hospital, para capacitar a toda una nueva plantilla de médicos, técnicos, enfermeras, administrativos; así cuando llegara el momento del recambio de personal tendrían un conocimiento adecuado del día a día del trabajo hospitalario Esta implementación era el mayor secreto de la institución, se acordó una fecha para hacer el movimiento de personal más grande y arriesgado en la historia de una institución de salud, por fin se desharían de miles de contratos anacrónicos, desfavorable para el desempeño financiero del hospital. Aprovechando la precariedad laboral de generaciones recién egresadas, acostumbradas a terribles condiciones laborales, aceptaron contratos...
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    11 mins
  • Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 25.
    Jun 19 2026
    Relato – Doctor Nómada | Bonus track No puedo negar que yo fui uno de los más entusiastas, genuinamente pensaba que la IA era lo mejor que le había pasado al mundo. No sólo se trataba de hacer tu carta astral o una imagen atractiva, poderla incorporar de manera irrestricta en todo lo que atravesara un chip de silicio fue mi primer proyecto personal, y ojalá se hubiera quedado en eso. Tal vez así habría evitado que, los últimos días de mi vida los pasara lleno de dolor en esta choza en medio de no sé donde. Hace unos años las cosas eran muy distintas, mis superiores me escuchaban fascinados cuando les mostraba lo que lograba hacer con esta tecnología que parecía magia pura. Ellos sabiendo que estaban en sus últimos años, al menos laborales, veían como niños en navidad, los milagros que estos entes digitales de los que no sabían nada, podían hacer en un sinnúmero de actividades. Me encantaba ser el centro de atención, en un principio algunos ponían en tela de juicio los avances en la incorporación de la IA en mis actividades. Pero al poco tiempo desistieron de su idea de parecer unos viejos anacrónicos, finalmente, la mayoría también se volvieron unos convencidos. Era un apóstol frente a mi séquito que, cada vez era más numeroso. Sin que me lo hubiera propuesto me convertí en esa voz que sabía a innovación, cosa que los jefes de mis jefes veían como la tierra prometida. Para nadie era sorpresa que gobiernos y particulares cada vez destinaban menos recursos a la salud que, costosa e inundada de burocracia se convirtió en un gigantesco elefante blanco del que todos buscaban escapar. Los jefes de mis jefes entendían, porque así les habían enseñado, que la innovación era gastar más dinero en una máquina o tecnología que hiciera, de preferencia mejor o más rápido, lo que ya veníamos haciendo. Un día me llamaron para que les explicara qué era eso de la IA, porque habían escuchado todo lo que yo lograba de manera individual; se quedaron boquiabiertos. La siguiente interrogante fue ¿si eso se podía aplicar en el hospital? Deseaban tranquilizar a todos los inversionistas por “lo poco” que ese ramo de la economía lograba explotar de los avances de la ciencia, “esta bien que la gente se cure más, pero nosotros ¿qué ganamos?”, escuché decir a uno de los consejeros que estaban en la mítica reunión. Tras mostrarles los primeros ejemplos de lo que la IA podía hacer en el hospital y de la cantidad de gente que se volvería innecesaria, sus opacos ojos volvieron a brillar como lo hicieron en su mocedades. En pocos meses me convertí en el invitado a todas las reuniones de mejoras e innovación del hospital; desde el estacionamiento, la cocina, caja de cobro, hasta el manejo de los enfermos en terapia intensiva que, era mi actividad primigenia. Esto me obligó a alejarme de los pacientes y a saturar mi agenda de reuniones hasta ya entrada la noche o por videoconferencia el día y a la hora que fuera, había creado un ambiente festivo alrededor de esta gran herramienta de innovación y todos querían ser participes. No lo sabía, o no quería saberlo, pero en ese momento compré el boleto para ganarme todas estás desgracias que, me tienen agonizando en medio de la nada. Mi vida se volvió glamorosa, era una especie de estrella de rock en mi micromundo, y cada vez que veía mi cuenta de banco, engordaba un poco más. También comía más y en mejores lugares, bebía más y más caro, y mi camioneta blindada con chofer me movía más y más tiempo. Mi primer gran proyecto fue uno pequeño, que no fuese tan visible, si bien era un convencido, debía ser cauto, o al menos lo fui al principio. Deseaba una prueba de concepto que, me abriera las puertas de toda la organización. Así que, empecé derrumbando la gran variabilidad de opiniones y errores derivados de la interpretación de imágenes de radiología y análisis de biopsias. Antes ya había arado el camino, radiólogos y patólogos estaban entusiasmados en ayudar en lo que se necesitara para entrenar a la IA que, si bien tenía información de otros hospitales alrededor del mundo, la personalización era una de sus virtudes que requería trabajo humano. Tras unos meses de transición el sistema permitió reducir la variabilidad en la interpretación de biopsias y tomografías, a la par de tres cuartas partes de los entusiastas que, se volvieron innecesarios, se tuvieron que quedar algunos, porque aún se requería que un humano se hiciera responsable en caso de demandas por errores o alucinaciones en el diagnóstico. A esta reducida plantilla les ofrecimos un pequeño aumento salarial para que estuvieran tranquilos y pudieran como en cadena de producción sólo confirmar los hallazgos realizados por la tecnología; nunca pensé que con ese aumento contratarían otra IA que lo hiciera por ellos. Así que, después redujimos la plantilla un poco más, para que sólo firmaran los reportes. Estas dos ...
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    15 mins
  • Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 23.
    Jun 5 2026
    Crónica – Un gran centro comercial | Poema – Inédito – Jaime Sabines | Reseña – Un nosotrxs sin estado – Yásnaya Elena Gil | Frase robada – Noela Lonxe| Bonus track – La Isla – Silvia Eugenia Castillero Un gran centro comercial Por razones ligadas profunda y genuinamente con el código postal de mi nacimiento, la historia de mis viajes y turismo comenzó bastante tardíamente. Estoy casi seguro de que, la primera vez que viaje a Europa fue a Barcelona, ahora que le pongo tinta a mis recuerdos, nunca he ido (salvo una ocasión) a ese continente sino por motivos profesionales, si viajé a varios países con motivación meramente turística, pero cuando estuve viviendo una temporada en Italia, en Trieste. Como decía mis viajes trasatlánticos siempre han estado cobijados por actividades profesionales, estos es un gran eufemismo para decir que siempre he conseguido un mecenas que financie mi estancia. No negaré ante tal evidencia que, podría ser considerado un vividor, pero bueno el mecenazgo ha sido parte de la historia del arte y la ciencia. En esta vida de sacacuartos científico; después de Venecia que, era una parada obligada siempre que alguien iba de visita a Trieste; la ciudad que más he visitado es Barcelona, en la cual he tenido historias interesantes que merecen ser mencionadas en otro momento. Estos recuerdos se amalgamaron con varias lecturas de ficción que ocurren en Cataluña, pero indudablemente Carlos Ruiz Zafón (1964-2020) en su tetralogía titulada El Cementerio de los Libros Olvidados, representa con nostalgia y misticismo una ciudad que, dejó una impronta muy notable en mi sentir y mi pensar. Por lo tanto, tras al menos un par de lustros después de mi última visita (bastante fallida porque solo llegué al aeropuerto); el hecho de que un mecenas me ofreciera volver con el pretexto de un congreso médico y una reunión de trabajo, me pareció una gran oportunidad que, no dejé pasar. Además de las perspectivas profesionales que, estaban bastante bien acotadas, me interesaba volver a recorrer sus calles; con la ilusión de alejarme de las grandes atracciones que ya había conocido en épocas pasadas. Confiaba en que, alejándome de las hordas de gente tomando las mismas fotos que van a los mismos lados, me aportaría una visión renovada y tal vez más genuina. El itinerario incluía librerías, tiendas de música y fotografía, algún restaurante y algún museo. Tenía algunos puntos de referencia y muchas ganas de caminar. Pensé que para mi buena fortuna el hotel donde me hospedaba no estaba en la zona más céntrica de la ciudad, así que el plan estaba razonablemente trazado; digo esto porque normalmente ocurre que, las ciudades ajenas son como un animal huidizo, te muestran lo que desean muy a su manera y con cierto recelo, esta ofrenda se logra caminándola sin expectativas, cuando menos lo esperas algo te sorprende y lo atesoras. No sé qué fue lo que pasó, todo pasaba y ocurría de maneras muy extrañas, cantidades ingentes de turistas en todos lados, tanto que, una de las fotos que más me gustó fue de una pequeña calle con apenas un par de personas, algo anormal. Marquesinas demasiado lindas, excesivamente luminosas, pidiendo a gritos (en inglés) que, le tomaras una foto para etiquetarla en redes sociales o le dejaras una reseña en google maps, calle tras calle la escenografía no cambiaba. Tras varias horas una pequeña tienda de discos y una librería confirmaban mis hipótesis, éramos demasiados visitantes, los hemos invadido y ya no pueden ser melómanos o libreros, sino expendedores de productos. Parecía que toda la ciudad se había transformado en un inmenso centro comercial, ya no era solo el corte inglés, todas las aceras eran transiciones de un tipo de productos a otros, siempre ropa, siempre comida, siempre lo mismo. El capitalismo envistió sus calles de un traje de latex negro que seduce a sus transeúntes y asfixia a sus vecinos. Conforme pasaba el tiempo, porque vaya que insistí en encontrar la ciudad, imaginaba lo terrible que sería lidiar con todo esto cada día en la cotidianidad, es paradójico que hace quinientos años ellos derrumbaran la identidad de pueblos ancestrales y ahora el metamodernismo los deglute. No se puede ser dogmático y pensar que sólo mi experiencia pueda hacer diagnóstico, pero si creo que, si deseo que la ciudad me muestre su alma, tendría que hacerlo con más precisión e ingenio; mientras tanto me llevo esa impresión de haber visitado un gran centro comercial. Inédito – Jaime Sabines No tengo nada porque no quiero nada.No creo en el amor ni en los huevos cocidos.Todo es fugaz y frágil igual que una mirada,y todo es vano y triste como los tiempos idos. ¿Quién soy, o qué? Nada me importasaberme un jitomate malherido,ni llorar por la vida que es tan corta,o tan larga, según lo sucedido. Lagarto, o buey, o talismán y hechizo,cada cosa a su hora, plenamente,soy y no soy como mi madre me...
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    20 mins
  • Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 22.
    May 30 2026
    Crónica – Descubriendo el fanzine Descubriendo el fanzine Las cosas y sucesos llegan cuando tienen que llegar; así fue mi descubrimiento del fanzine. A pesar de tener una idea muy superficial y claramente errónea, su develación este año fue muy grata y enriquecedora. Para poner el piso plano para tod@s voy a intentar definirlo. Es un medio de expresión impreso (o digital) de formato pequeño, con temáticas variadas, aunque normalmente de nicho, con muy pocas o ninguna regla de tipo editorial o creativa, por lo general de producción casera o en pequeñas editoriales. Es decir puede ser una hoja tamaño carta doblada en cuatro partes escritas a mano con un manifiesto punk, hasta un pequeño ensayo fotográfico en impresión offset. Lo anterior me tiene fascinado, la libertad que implica. Es todo un universo en el que, conviven el cómic, crónica, poesía, ensayo, cuento, relato, crónica, divulgación; cualquier cosas que se pueda imprimir en una hoja de papel, se puede decir. Por la forma en que se produce, prácticamente cualquiera puede crear uno, con unas cuantas hojas de papel y una fotocopiadora tienes para expresar lo que te venga en gana. La imprenta transformó la forma en que los libros se producían, permitiendo su impresión masiva, las técnicas modernas de impresión a bajo costo, permitieron no sólo la impresión masiva, sino la disponibilidad masiva. Para los que venimos de un mundo más anclado a convencionalismos, creeríamos que sólo las grandes editoriales, los autores de culto o figuras que roban la atención de los medios tradicionales, pueden publicar sus creaciones. Pero la posibilidad de que cualquiera pueda expresarse sin ataduras, en este mundo tapizado de candados sociales, comerciales y prejuicios autoasignados; me parece valiente, transgresor y muy interesante. En este momento en el que incluso poner a hervir pasta, agregarle aceite y rallarle queso es denostado y preferimos pedir comida rápida a través del teléfono celular. El decidir crear algún material gráfico y/o escrito, acomodarlo en las páginas, darle formato, imprimirlo, fotocopiarlo y distribuirlo; sabiendo que no será ni rentable, ni sostenible, que no ganará ningún premio literario, y aún así decidir llevar a la vida tus ideas realizando ese esfuerzo; le otorga al fanzine un peso específico muy importante. Puede o no gustarnos, pero lo que es innegable es el interés de la autora, autor o autores para realizar su proyecto. Justamente cuando los estereotipos idealizados que, ya se venían gestando por los algoritmos de las redes sociales y que se consolidaron con la “perfección” y sesgos de la inteligencia artificial, en este mundo tan plastificado y aséptico; encontrar el sello puro y genuino de quien elaboró el fanzine, es un rodal. Se siente el amor e interés vertido en esas hojas fotocopiadas Aunque hay fanzines robustos e icónicos, la mayoría tienen unas cuantas páginas, por lo que si se viene del mundo lector tradicional, devorando cientos y cientos de hojas o del mundo digital de la pantalla infinita; el fanzine puede padecer diminuto, y lo es, pero esa característica lo lleva a apreciarlo de modo distinto, y no pocas veces a releerlo o repensarlo. Arropándome en la tercera acepción de la RAE, es un producto muy elitista y exclusivo no sólo en su producción, sino en su distribución y consumo. No es fácil encontrarlo, hay que poner algo de esfuerzo en dar con ellos; por su conceptualización no son para todos los públicos y su especialización reduce el número de lectores. Pues bien, hasta hace apenas unos meses en la Feria del Libro y la Rosa que, exactamente no sé por qué, pero compre bastantes y recientemente en un viaje a Xalapa otros tantos, me he enamorado del fanzine, pero también de sus valores intrínsecos, con los que congenio plenamente; la libertad, la valentía y la dedicación; impulsados por el interés genuino, me parecen muy atractivos. En esta pequeña incursión que estoy realizando me he encontrado cosas muy interesantes, creativas, inteligentes, divertidas y bellas. Como todo en la vida, también está el lado oscuro, que ni tanto; uno es el costo, si bien no son caros, para el que no valora el trabajo manual, intelectual y artístico; pagar el equivalente a cinco o diez dólares por unas cuantas hojas de papel, le parecerá absurdo. Pero honestamente la mayoría de la gente gasta eso y más en comida chatarra que, sólo les incrementa el riesgo de diabetes y cáncer. Y el segundo punto en contra es que, la versión digital del fanzine, no siempre transmite lo que gemelo analógico si. He cumplido con compartirles mi nueva afición, e invitarlos a que si asisten a alguna feria del libro o si por accidente entran a alguna librería, pregunten si tienen fanzines, algo encontraran que les sorprenda. Bonust track Tras caminar muchas horas, encontré un lugar muy lindo donde comer. Lo llamativo de esta foto fue encontrar una calle de Barcelona ...
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  • Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 21.
    May 22 2026
    Crónica – Me duelen hasta las buenas intenciones Me duelen hasta las buenas intenciones Algunas personas me han preguntado por qué no escribo sobre mi patológica afición a correr largas distancias. Lo he intentado un par de veces, pero los temas relacionados con los deportes son un terreno resbaloso que, se acerca peligrosamente a la autosuperación personal y la meritocracia. Es menester decir que, de todas las disciplinas deportivas, correr largas distancias en la montaña es la menos aspiracional. Para la mayoría de los mortales, la llegada a meta nos hace ver más que como un mensajero icónico del mediterráneo; parecemos actores de relleno para una película de zombies de bajo presupuesto, y olemos peor que un buen queso Vieux-Boulogne. Es buena idea aclarar qué es el ultramaratonismo. En su sentido más literal es, correr una distancia superior a los 42.195 kilómetros del maratón. Algún gracioso dice que, correr desde la meta hasta el estacionamiento es considerado ultramaratonismo. El mundo de las ultradistancias es vasto, llegando a centenas de kilómetros; aunque los 100 millas y 100 kilómetros se consideran canónicas; e incluye infinidad de terrenos dónde realizarlos; lo característico es el bosque, pero va del desierto a la tundra, pasando por el asfalto de la ciudad. Al combinar estas heterogéneas características se podría correr un ultramaraton dando vueltas a una cancha de fútbol, o una carrera corta en una montaña. La composición más frecuente suele ser corredor de montaña y ultramaratonista. Pienso que, se debe a aspectos logísticos y de disponibilidad; es más sencillo (o no), meter cientos de corredores en medio del bosque por diez o veinte horas, que lanzarlos a las carreteras, expuestos a la hegemónica fauna del motor de combustión interna. Ya definidas las distancias y localización donde ocurren estos eventos. Se debe considerar en la ecuación una variable muy importante, la orografía. Lo accidentado y elevado del terreno, ya que subir una cuesta de cinco kilómetros es totalmente distinto a realizar la misma distancia en carretera o camino llano. Ésta es la razón por la que, las carreras de montaña incluyen en su descripción, la distancia y el desnivel tanto positivo como negativo. Subir varios cientos de metros para alcanzar las crestas de la montaña impone una demanda física importante no sólo para el ascenso, se pensaría que, al bajar la gravedad nos ayudará, pero, no pocas veces en particular si no se tiene suficiente técnica o experiencia, bajar una ladera puede ser más difícil, lento y peligroso que subirla. Lo anterior se adereza con portar lo necesario para comer e hidratarse durante el camino, portar la ropa suficiente para afrontar mínimamente las inclemencias del tiempo y no pocas veces correr de noche. Toda esta explicación además de aburrirles, lleva a la pregunta que, propios y extraños nos realizamos ¿por qué hacer esto?. Algún amigo me decía que incluso en auto recorrer tanta distancia da pereza. Pues las respuestas, cuando las hay, son de lo más variadas y no pocas veces llenas de estereotipos; desde el macho alfa, hasta historias de redención sabor tutti frutti. Alguna vez un niño de unos ocho años, algo contrariado, al verme corriendo en condiciones deplorables me aventó la pregunta -¿por qué corres?-. Algo tan elemental que aún sigo sin poder responder a cabalidad. De manera rápida es, porque tengo una fisonomía que me facilita esta disciplina, y por lo tanto no me dejaría ser jugador de rugby. Especulo que, mis genes algo de raramuri deben traer y que, eso me dota de una condición que promueve un adecuado consumo de oxígeno y energía. La segunda razón es que, desde pequeño me he sentido atraído por la naturaleza. Es un lugar en el que me encuentro muy feliz, me llena en muchos sentidos físicos y espirituales. Desde que tuve la oportunidad de escapar de las toneladas de cemento de la Ciudad de México, para ir a la montaña los fines de semana, regreso con cierto grado de serenidad, algo totalmente opuesto a lo que ocurre cuando por diversos motivos no puedo escaparme, entonces la ciudad me asfixia. Después viene algo más complicado de definir. Este tipo de carreras implica, entre muchas, dos cosas muy importantes para mi; la soledad y el aislamiento. Sé que una competencia de ultradistancia me llevará a estar muchas horas en soledad, y totalmente incomunicado. Algo tan anormal en la actualidad que, es casi un santuario a las ataduras sociales. En ese recinto, mi cabeza pasa horas en grato destierro. Me han preguntado ¿qué piensas durante tanto tiempo? En la superficie nada relevante o significativo, pero en el fondo algo ocurre en esos trayectos que no recuerdas, horas perdidas que se borran de tu experiencia, algo profundo se moldea ahí, la mayor parte de las veces sin darme cuenta. Lo anterior se amalgama con una dosis de esfuerzo físico muy importante y una significativa cantidad de...
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    15 mins
  • Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 20.
    May 15 2026
    Relato – Le tengo más miedo al teléfono inteligente que al hantavirus | Poema – ¿QUÉ PASA SI METO LA CABEZA EN EL CONGELADOR? – Adrían Fauro | Reseña – En defensa de la conversación – Sherry Turkle | Frase robada – Yásnaya Elena Gil | Bonus track – Vudú – Odette Alonso Le tengo más miedo al teléfono inteligente que al hantavirus Mi aseveración es tan absurda como verdadera. La noticia de que un grupo de gente de bien y de bienes; encerrados en un crucero, se trajeron un virus que, convirtió a quienes menos lo esperaban en unos apestados, unos impuros, prácticamente una nave espacial que amenazaba la vida en la tierra como la conocemos; esto ha sido tema de noticieros, periódicos, redes sociales y sobremesas del mundo. Fenómeno totalmente esperado por las reminiscencias del COVID. La definición de pandemia del Diccionario de Español de México (sí, dejaré de usar el diccionario de la RAE) es: “fenómeno que se extiende a todas las poblaciones, especialmente tratándose de enfermedades”. No sé si, al estar pedaleando todos lo días o mi aproximación más crítica hacia los usos y por supuesto abusos de la tecnología de consumo, pero, todo el tiempo percibo un suceso que se extiende a todas las poblaciones; traer en teléfono en la mano todo el tiempo, algo tan normal, tan esperado y justificado que, no se nota. A menos de que, tu integridad física e incluso tu vida dependa de ello. El utilizar la bicicleta como medio de transporte implica varios retos, y la asunción de algunas habilidades. En mi filia por priorizar todas las cosas, tengo una lista de cosas peligrosas al andar en pedaleando, encabezada por los automovilistas usando su teléfono inteligente. Son de lo más peligrosos, ya sea con el vehículo en movimiento, detenidos en un semáforo o estacionados en la calle. Por dos características importantes: 1) la falta de preocupación por su alrededor; verdaderamente tienen toda su atención en la pantalla; y 2) se les olvida que tienen entre sus manos el control de alrededor de una y media toneladas de peso que, dependiendo de la velocidad este valor se multiplica. Así como en las pandemias un agente minúsculo ingresaba al organismo y podía lesionarlo hasta la muerte; y no conforme, ese fatal comportamiento lo extendía a su entorno más cercano. En perfecta analogía, un dispositivo de menos de 200 gramos y cerca de 6 pulgadas que, sólo requiere el dos por ciento de nuestro angulo de visión, es capaz de transformar en víctimas al usuario y cualquier persona que comparta su territorio: otros automovilistas, ciclistas, usuarios de moto y monopatin, transeúntes, y prácticamente cualquier ser vivo que se atreva a invadir su hegemonía. Es tan ubicua esta amenazas que, “infecta” a los peatones. Esta es mi segunda amenaza al rodar por las calles de la ciudad, las persona en la calle mirando la pantalla, siempre en posición sumisa, si además traen puestos audífonos, la ecuación es altamente peligrosa, parecen minas antipersona, en cualquier momento podrían detonar. Esto me tiene con el umbral muy bajo para la identificación de teléfonos celulares guiando a setenta kilos de carne, piel y músculos que, desposeídos deambulan errática y peligrosamente por las calles de la ciudad. Así como en las historias de fantasía cuando una piedra, un anillo, una espada, transformaba para bien o para mal a la o al protagonista, del mismo modo el dispositivo inteligente en la mano siempre, siempre, y reitero, siempre; transforma al autoconsiderado epítome de la evolución en un ser sin alma, determinación, ni pensamiento. Esto se reproduce en escenarios variopintos. Me sorprende cómo los acompañantes de un paciente estén atentos a la pantalla y no a lo que ocurre en la consulta médica; aún mas dramático cuando es el propio paciente quién no se puede despegar de su dispositivo, la dominación es tremenda. Ya ni hablar de reuniones con amigos, familia o pareja, en la que ese bicho de silicio y luz incandescente hace presencia. Esta situación tiene menos de veinte años, cuando Steve Jobs (que espero se esté dorando a fuego lento en el infierno) lanzó al pionero del teléfono inteligente, pero también algo más importante, el modelo de negocio que, a la postre trajo a la vida a los jinetes del apocalipsis. En términos históricos es un suspiro, pero así como el COVID transformó en poco tiempo la historia del mundo, de igual manera lo han hecho los teléfonos inteligentes. Aún recuerdo a mi madre limitándome el acceso al televisor, “por que esa caja tonta te envicia y te deja tarado”. Hoy la veo enganchada a tiktok de una manera impensable. Yo que cambiaba de teléfono cada año, o menos, que tuve todas las redes sociales y me monitorizaba hasta lo impensable, sigo siendo su fiel ciervo; ataviado y adoctrinado de manera distinta no deja de dominarme, de ser una adicción que ocasiona daños físicos (de los mentales mejor ni ahondar), ...
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    17 mins
  • Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 19.
    May 8 2026
    Relato – Un pájaro toca a mi ventana | Bonus track Un pájaro toca a mi ventana Era otro sábado en el que venía arrastrando una semana de cansancio; a pesar de las dos horas de manejo, vale la pena, estar rodeado de monte, del ruido de los animales, aunque también del ruido de los pueblos. Salirme me da aire a la cabeza, que no pocas veces pesa demasiado. Pero hay que ser honestos, en términos prácticos lo que hago es cambiar una rutina por otra, ese es mi súper poder, transformar todo en una serie de sucesos repetitivos, lo que si bien puede ayudar a que las cosas ocurran de manera más automática y por tanto “eficiente”, también se puede transformar en una asfixiante bolsa de plástico cubriéndote la cabeza. Así que, venir al campo y hacer una permuta de hábitos, al menos por veinticuatro horas, que es la duración promedio de mi fin de semana, me ayuda a seguir adelante en mi semana circense. Lo digo con una connotación de literalidad ¿acaso los payasos, acróbatas y malabaristas, no hacen lo mismo que yo? Tal vez sus rutinas sólo se fracturan por otras rutinas de su vida nómada. Lo primero que me llamó la atención fue que el vidrio de la ventana estuviera sucio, como si le hubiera salpicado tierra y la lluvia lo enjuagara mal y quedaran los rastros del desastre. Me pareció raro que no lo limpiaran, en especial que el resto de los vidrios estuvieran impecables. También que alrededor había francas evidencias de que las aves habían seleccionado esa zona de la terraza como baño público, e igual de inusual que no lo limpiaran, en fin, todo continuo como de costumbre. Por lo que a las nueve de la noche estaba más destruido que un zombie en la quinta temporada de la serie. Cansado de estar cansado cerré el libro y me fui a la cama, esperando que mi sueño tuviera el valor de ignorar mi vida cotidiana, y cumpliera su promesa de desintoxicarme el alma y el cerebro de los miasmas consuetudinarios; lo cual por cierto se ha incumplido perseverantemente en los últimos años. Pero cada noche es una oportunidad de lograrlo, me lo digo como si lo creyera. Apenas el sol empuja la noche y antes de que mi cerebro adoctrinado a levantarse a las cinco treinta de la mañana, traicione mi día de descanso o de que las perras me laman la cara indicándome que debo abrirles la puerta para desahogar sus necesidades; lo que siempre me pone a pensar si, la vida no es tener que estarle abriendo las puertas a las necesidades de los demás. Pero antes de que toda esa avalancha de sucesos inaugure mi dominical mañana, escucho tac, tac, tac, tac; primero de manera nebulosa, entre sueños, pero el tautológico sonido no deja de insistir. Aún con los ojos cerrados, creyendo que esa irrupción me va a permitir continuar con mi sueño, comienzo a pensar, primero de dónde viene, quién lo hace, por qué lo hace, tac, tac, tac, tac. Mi terquedad es congénita y dominante, a pesar de estar apretando los párpados con tanta fuerza que hasta duele la cabeza, insisto en que puedo cumplir la convención de seguir dormido; sin llegar a conclusiones precisas del origen de ese nuevo y obstinado ruido. Al final las perras que no entienden mis irracionalidades acuden a recordarme mis responsabilidades no escritas; cumplo con ellas y la de mi organismo; regreso a la cama, tac, tac, tac, tac. Caigo en la desesperación, el teléfono, el correo, mensajes de texto, juntas y pacientes urgentes; ahora hasta la naturaleza reclama mi atención. Me levanto y planeo resolver el enigma. El sonido viene de la ventana sucia, me siento a mirarla y un pájaro, no uno de esos pequeños como gorriones, bastante más grande, totalmente gris y con pico muy largo y afilado vuela frente a la ventana, hace grandes esfuerzos por mantenerse estático y soltar un picotazo en el vidrio, tac. Me hubiera gustado que hubiera sido un cuervo, pero esto no es de contentillo, aún con un ave menos icónica me siento por unos minutos como Edgar Allan Poe, sólo espero que al impertinente animal no se le ocurra decirme “Nunca más” porque me da un infarto. Me quedo un rato observándolo, pensando qué puede ser lo que intenta, lo que lo mueve a tocar en mi ventana a tan temprana hora de la madrugada. Al final me preparo un café y me salgo a la terraza, el pájaro se para en un árbol, me observa sabiendo que lo veo, que lo estoy invadiendo, impidiendo su labor, la cual es matutina, ya que en el resto del día no vuelve a intentarlo. Como si no fuera suficiente con los cajones de mi cerebro desbordados de cosas, ideas y tareas; agrego una más ¿qué está deseando el plumífero? que tanto insiste. No lo sabré hasta la próxima semana, mientras tengo algunas hipótesis; de inicio voy a quitar el árbol de navidad, si es mayo y la navidad seguía patente, que pereza e inutilidad ponerla y retirarla, pero bueno, hay que hacer lo que se tiene que hacer. A lo mejor es un ave que se creyó eso de la meritocracia y cree que con esfuerzo puede ...
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    28 mins