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Mi perra vida

Mi perra vida

By: Mi perra vida
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Fastidiado de las restricciones en las redes sociales, y sin postureo ni opiniones al vapor, aquí les dejo Mi Perra Vida Social Sciences
Episodes
  • Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 27.
    Jul 3 2026
    Relato – Doctor Nómada | Bonus track Doctor Nómada (tercera parte) Leer la segunda parte El tráfico de la ciudad era particularmente denso, hacia donde volteara las calles y avenidas eran un estacionamiento, pensé que, eso me tenía con una sensación atípica de cansancio y malestar general. Me esforzaba mucho para mantenerme atento a la videollamada que hacía regularmente de camino a casa y que, por lo visto todos hacían antes de llegar a sus hogares. Al terminar aún faltaba para llegar a mi destino, me recosté en el asiento trasero y no supe en qué momento me acomodé en posición fetal y cerré los ojos. Soñaba que, era un protagonista a algo parecido a la serie juego de tronos, pero en la irracionalidad propia de ese mundo imaginario, al correr a través del bosque caía en una trampa para osos mi tobillo sangraba profusamente, y escuchaba caballos jadeando acercándose, a cada intento por escapar los dientes afilados se clavaban profundamente en el hueso que iba cediendo a cada intento. Varios jinetes me rodearon, sin mediación de ningún tipo, uno de ellos vestido totalmente de negro y sin rostro, sacaba una lanza de su espalda y la enterraba en mi abdomen, mientras la machacaba con furia contra el suelo, el dolor me invadía y me hacía temblar, deseando que todo terminara. Mi nuevo chofer me despertó preguntando ¿si me encontraba bien? Estaba empapado en sudor y temblando, instintivamente me toqué el abdomen y vi que no había pasado nada, todo había sido una pesadilla. Al bajar de la camioneta las fuerzas me fallaron, por nada caigo en el suelo, me quedé unos segundos apoyado en el asiento con la puerta abierta, no sabía qué me pasaba. Le dije al chofer que, no se preocupara, y con todas mis fuerzas logré que las piernas dejaran de temblar, llegué al ascensor y mientras subía al pent house, me comenzó a molestar el abdomen, para cuando logré acomodarme en el sillón de la sala sentía que algo me taladrara los intestinos. El departamento estaba solo, mi pareja se había ido de vacaciones a la playa con sus amigas, fue su regalo de cumpleaños, no sabía a quién acudir, el dolor y el temblor iban en aumento. Lo que menos pensé que ocurriera se manifestó, en medio de mi infierno, de manera súbita mi abdomen se infló como nunca y ruidos de aguda corriendo me avisaban que debía ir al sanitario, tomé aire y todas mis fuerzas para levantarme pero, había sido demasiado tarde, el accidente había ocurrido, ya en pie me esforcé en caminar por el pasillo, apoyado en la pared, apenas había avanzado unos pasos y el dolor apretó con más fuerza, me tuve que sentar en el suelo, el ruido metálico en el vientre me volvía a recorrer, otro accidente ocurrió; lo último que recuerdo, es el suelo de mármol en el que se escurrían mis miasmas con sangre llegando hasta los tobillos. Al intentar abrir los ojos, de lo primero que me percaté es que un tubo invadía mi boca y rasgaba mi garganta, el monitor sobre mi cabeza se aceleró y una alarma comenzó a sonar repetidamente, no pude abrir los ojos, estaban sellados. Una voz dulce y relajada se escuchaba alrededor, sin saber exactamente de dónde provenía, intentaba tranquilizarme, me explicaba porque habían tenido que cerrar mis ojos con cinta adhesiva, y porque un tubo estaba dándole aire a mis pulmones. En los minutos que parecieron horas, logré entender que estaba en terapia intensiva. La voz era de la IA de monitoreo de esa área, la cual me explicó lo ocurrido, una úlcera intestinal se perforó, ocasionando que, la sangre llenara mi abdomen hasta casi vaciarme, igualmente me indicó el tratamiento instituido, quitarme parte del estómago y el intestino; finalmente me explicó lo que tenía que hacer al momento de retirarme el tubo que me ventilaba. Me parecía escuchar las animaciones de la pantalla del avión con las indicaciones ante una emergencia, todo era claro, congruente, pero parecía irreal. Llegó alguien que nunca supe quién fue, retiró las telas adhesivas que mantenían mis párpados cerrados y la luz del cuarto, aunque tenue dolía, no lograba enfocar nada, ahora sí, una voz humanada me pidió que siguiera las instrucciones que había recibido, porque retiraría el tubo de mi garganta. Sentí algo desinflarse en mi cuello, tras ese segundo de alivio, el dolor como el de una sierra se extendió desde mi pecho hasta la boca, el tubo se despegaba dolorosamente, unas lágrimas se me escaparon mientras el aire del ambiente ardía y quemaba en su trayecto hasta mis pulmones. Tras dos segundos de silencio, la persona se alejó, la voz que invadía la habitación continuaba con su letanía acerca de mi estado de salud. Durante los siguientes días sólo entraba una persona que me ayudaba a comer y bañarme. Le preguntaba sobre mi estado, pero desconocía absolutamente todo de mi caso, había sido contratada para limpiar pacientes. Le pedí que por favor le avisara al médico quién era yo, que deseaba ...
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    13 mins
  • Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 26.
    Jun 26 2026
    Relato – Doctor Nómada | Bonus track Doctor Nómada (segunda parte) Leer la primera parte Me levanté como de costumbre, sin sospechar lo que me esperaba ese día y los siguientes. El sonido del despertador, la luz invadiendo la ventana y los ruidos de la calle son tan rutinarios, nada te hace pensar que, tu vida puede cambiar radicalmente y que al mundo eso le importa lo más mínimo. Desperté y antes de abrir los ojos, ya había tomado el teléfono, me deslumbró su pantalla, el corazón casi se me sale del pecho cuando vi que, todos los miembros del consejo directivo me buscaban desde la madrugada, mensajes y llamadas perdidas, una catástrofe de la que no me había enterado. A los pocos minutos de haber cerrado los ojos, llegó un correo proveniente de los cada vez menos empleados que, exigían una junta urgente para discutir el nuevo orden laboral en el hospital, totalmente alterado desde que había llegado la IA, amenazaban con ir a huelga si ignorábamos su petición. Lo que en ese momento era inadmisible ya que no se contaba con la tecnología actual, hoy tal acto de presión sería tan inimaginable como insulso. En media hora habría una junta extraordinaria que involucraba a todos los integrantes de la alta dirección, me habían advertido en sus mensajes que esperaban una propuesta eficaz que resolviera la amenaza. Me alisté lo más rápido que pude y mientras iba en el auto, ya que el chofer también firmaba la petición y estaba emplazado a huelga, en esos segundos de ansiedad frente a la luz roja de los semáforos, barajaba mis opciones, nunca pensé que, esto fuera a ocurrir y aunque no era tan inocente como para no imaginar este escenario, era el que menos esperaba, el más indeseable, porque era el único para el que tenía una respuesta, la más miserale de todas. En la sala de juntas sólo se escuchaban murmullos velados, para la mayoría únicamente era un problema más que les daría tema de conversación en el club, al que llegarían tarde, por lo que no estaban de buen humor. Tras la innecesaria explicación del director de recursos humanos que, sólo sabía lo que todos habían leído en el correo electrónico; al final de su intervención las miradas apuntaban a mi. No sé si es algo generalizado, o así interpreto la realidad y la historia de mi vida, pero siempre ubico ese momento en el que, una decisión en su momento intrascendente, se vuelve en punto rector que condiciona un cambio radical en la sucesión de eventos en la vida, transformando el camino hacia derroteros inesperados pero determinantes. Estoy seguro de que, si hubiera renunciado habría sido la mejor decisión de mi vida, al menos no me hubiera asegurado el abandono y el aislamiento en el que vivo, o mejor dicho, en el que muero. Mi solución levantó caras de incredulidad y desaprobación. Había que mantener la plantilla a como diera lugar, aceptar sus mejorías salariales y en prestaciones sociales. Para sorpresa de nadie el director de finanzas advirtió del impacto que esta decisión tendría en los rendimientos de las acciones, y que aunque las finanzas del hospital lo permitían, sin duda afectarían las ganancias de los inversores. Tras la ominosa noticia, los ojos de todos pedían incendiar mi alma en el infierno, al final lo lograron. Pero en ese momento terminaron de escuchar mi propuesta y les pareció aceptable, nunca esperé que además, fuera la respuesta a muchos otros problemas de los que deseaban deshacerse. Las negociaciones se dieron de la forma más cordial, yo sabía cual era la debilidad de mis colegas, no hay mejor heroe que un gran traidor, y saqué partido de ella. Se cumplieron todas sus prerrogativas que incluían mejoras en su plan de retiro, optimización de las condiciones de trabajo y aumento en sus salarios estancados desde hace unos años. Incluso una cláusula, la que más trabajo me costó que aceptaran los directivos. El impedimento absoluto a ser sustituido por una IA. Toda la mesa mostró indignación ante mi tibieza al aceptar tal requisito, pero los tranquilizó mi propuesta que, incluso lograría mejorar los balances financieros. La transición tomó varias semanas, requirió muchas horas de desvelo para lograr la implementación tras bambalinas, de un espejo virtual de todas las actividades del hospital, para capacitar a toda una nueva plantilla de médicos, técnicos, enfermeras, administrativos; así cuando llegara el momento del recambio de personal tendrían un conocimiento adecuado del día a día del trabajo hospitalario Esta implementación era el mayor secreto de la institución, se acordó una fecha para hacer el movimiento de personal más grande y arriesgado en la historia de una institución de salud, por fin se desharían de miles de contratos anacrónicos, desfavorable para el desempeño financiero del hospital. Aprovechando la precariedad laboral de generaciones recién egresadas, acostumbradas a terribles condiciones laborales, aceptaron contratos...
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    11 mins
  • Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 25.
    Jun 19 2026
    Relato – Doctor Nómada | Bonus track No puedo negar que yo fui uno de los más entusiastas, genuinamente pensaba que la IA era lo mejor que le había pasado al mundo. No sólo se trataba de hacer tu carta astral o una imagen atractiva, poderla incorporar de manera irrestricta en todo lo que atravesara un chip de silicio fue mi primer proyecto personal, y ojalá se hubiera quedado en eso. Tal vez así habría evitado que, los últimos días de mi vida los pasara lleno de dolor en esta choza en medio de no sé donde. Hace unos años las cosas eran muy distintas, mis superiores me escuchaban fascinados cuando les mostraba lo que lograba hacer con esta tecnología que parecía magia pura. Ellos sabiendo que estaban en sus últimos años, al menos laborales, veían como niños en navidad, los milagros que estos entes digitales de los que no sabían nada, podían hacer en un sinnúmero de actividades. Me encantaba ser el centro de atención, en un principio algunos ponían en tela de juicio los avances en la incorporación de la IA en mis actividades. Pero al poco tiempo desistieron de su idea de parecer unos viejos anacrónicos, finalmente, la mayoría también se volvieron unos convencidos. Era un apóstol frente a mi séquito que, cada vez era más numeroso. Sin que me lo hubiera propuesto me convertí en esa voz que sabía a innovación, cosa que los jefes de mis jefes veían como la tierra prometida. Para nadie era sorpresa que gobiernos y particulares cada vez destinaban menos recursos a la salud que, costosa e inundada de burocracia se convirtió en un gigantesco elefante blanco del que todos buscaban escapar. Los jefes de mis jefes entendían, porque así les habían enseñado, que la innovación era gastar más dinero en una máquina o tecnología que hiciera, de preferencia mejor o más rápido, lo que ya veníamos haciendo. Un día me llamaron para que les explicara qué era eso de la IA, porque habían escuchado todo lo que yo lograba de manera individual; se quedaron boquiabiertos. La siguiente interrogante fue ¿si eso se podía aplicar en el hospital? Deseaban tranquilizar a todos los inversionistas por “lo poco” que ese ramo de la economía lograba explotar de los avances de la ciencia, “esta bien que la gente se cure más, pero nosotros ¿qué ganamos?”, escuché decir a uno de los consejeros que estaban en la mítica reunión. Tras mostrarles los primeros ejemplos de lo que la IA podía hacer en el hospital y de la cantidad de gente que se volvería innecesaria, sus opacos ojos volvieron a brillar como lo hicieron en su mocedades. En pocos meses me convertí en el invitado a todas las reuniones de mejoras e innovación del hospital; desde el estacionamiento, la cocina, caja de cobro, hasta el manejo de los enfermos en terapia intensiva que, era mi actividad primigenia. Esto me obligó a alejarme de los pacientes y a saturar mi agenda de reuniones hasta ya entrada la noche o por videoconferencia el día y a la hora que fuera, había creado un ambiente festivo alrededor de esta gran herramienta de innovación y todos querían ser participes. No lo sabía, o no quería saberlo, pero en ese momento compré el boleto para ganarme todas estás desgracias que, me tienen agonizando en medio de la nada. Mi vida se volvió glamorosa, era una especie de estrella de rock en mi micromundo, y cada vez que veía mi cuenta de banco, engordaba un poco más. También comía más y en mejores lugares, bebía más y más caro, y mi camioneta blindada con chofer me movía más y más tiempo. Mi primer gran proyecto fue uno pequeño, que no fuese tan visible, si bien era un convencido, debía ser cauto, o al menos lo fui al principio. Deseaba una prueba de concepto que, me abriera las puertas de toda la organización. Así que, empecé derrumbando la gran variabilidad de opiniones y errores derivados de la interpretación de imágenes de radiología y análisis de biopsias. Antes ya había arado el camino, radiólogos y patólogos estaban entusiasmados en ayudar en lo que se necesitara para entrenar a la IA que, si bien tenía información de otros hospitales alrededor del mundo, la personalización era una de sus virtudes que requería trabajo humano. Tras unos meses de transición el sistema permitió reducir la variabilidad en la interpretación de biopsias y tomografías, a la par de tres cuartas partes de los entusiastas que, se volvieron innecesarios, se tuvieron que quedar algunos, porque aún se requería que un humano se hiciera responsable en caso de demandas por errores o alucinaciones en el diagnóstico. A esta reducida plantilla les ofrecimos un pequeño aumento salarial para que estuvieran tranquilos y pudieran como en cadena de producción sólo confirmar los hallazgos realizados por la tecnología; nunca pensé que con ese aumento contratarían otra IA que lo hiciera por ellos. Así que, después redujimos la plantilla un poco más, para que sólo firmaran los reportes. Estas dos ...
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    15 mins
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