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Editoriales y Opiniones

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By: Radio YSUCA
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Editoriales y Opiniones de la UCA que se emiten vía YSUCA, 91.7FM y en línea www.ysuca.org.sv. Con temas de realidad nacional e internacional© 2026 Radio YSUCA Political Science Politics & Government
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  • Entre la seguridad y la incertidumbre
    Jul 6 2026
    Las esperanzas y temores de los salvadoreños fueron dos de los aspectos explorados en la más reciente encuesta del Iudop, en la cual la población evaluó el séptimo año de gobierno de Nayib Bukele y el segundo año de la gestión legislativa y municipal. Según el sondeo, 76 de cada 100 ciudadanos sienten esperanza al pensar en el futuro del país, mientras que 19 de cada 100 temen el porvenir. Dentro del grupo que expresa esperanza, una de las razones para sentir esa emoción gira en torno al tema de la seguridad: un tercio de estas personas tienen la expectativa de que se mantenga la situación de seguridad, esperan tener paz y tranquilidad, y vivir en un país sin pandillas, sin violencia ni delincuencia. Otro tercio indicó que su esperanza estaba puesta en aspectos como que haya mejoras en la economía, más empleo y oportunidades, progresos en los temas de vivienda, salud y educación, o que la población más vulnerable reciba ayudas. El resto del grupo hizo alusión a otros puntos: sus expectativas incluyeron poder sentirse libres, que haya continuidad en el trabajo del Gobierno, ver que el país se desarrolle y progrese, y que siga cambiando. En contraste, entre la población que siente temor al pensar en el futuro, una tercera parte dijo que lo que teme es que la economía siga mal y se llegue a una crisis, que haya más desempleo y pobreza, y que continúen aumentando los precios de los alimentos, servicios, medicinas y de la vivienda. Aproximadamente una cuarta parte de este grupo dijo que su temor era que el país regresara a los niveles previos de inseguridad, que volvieran las pandillas o que un cambio de Gobierno hiciera que el país retornara a una situación anterior. Y otra cuarta parte teme que el país se convierta en una dictadura, que haya más autoritarismo y concentración de poder, que se pierda la democracia, o que sigan las violaciones a derechos por parte del Estado. Algo que resulta llamativo en estos resultados es que una parte importante de las personas que sienten esperanza o temor lo asocian más con evitar un retroceso. Sin duda, esto refleja la profunda huella que la violencia y el asedio de los grupos criminales han dejado en la subjetividad de muchos ciudadanos. Además, sugiere que para un sector de la población la continuidad de la seguridad no está garantizada. Incluso hay dentro de este grupo quienes señalan que la tranquilidad que ahora se experimenta es algo que podría cambiar con la llegada de nuevos gobernantes. Comprender estas percepciones de la población es de especial importancia de cara a los comicios de 2027. Ello porque, en línea con lo que señala el especialista en comunicación política Sebastián Valenzuela, los mensajes de las campañas electorales suelen apelar a emociones negativas de los ciudadanos —como miedo, enojo, angustia y frustración— o por el contrario intentan evocar emociones positivas —como esperanza, gratitud, seguridad y orgullo—. La campaña de los meses venideros se desarrollará en un contexto marcado por emociones de signo contrario, esperanza y temor, que confluyen en torno a la seguridad, tema que además se identifica como el logro más destacable de la actual gestión. Los resultados de la encuesta del Iudop sobre los anhelos y temores de la ciudadanía aportan claves para el análisis de los mensajes de la próxima campaña preelectoral; en especial para analizar eventuales narrativas que asocien la preservación de la seguridad con la continuidad del régimen en el poder.
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    5 mins
  • El enemigo dentro del modelo
    Jul 3 2026
    “¿Por qué habla tanto de los gobiernos anteriores?”, preguntaron a Bukele en cierta ocasión. La respuesta es lógica: “Es la única forma de comparar y saber de dónde venimos, en dónde estamos y hacia dónde vamos”. Hasta aquí hace sentido. Más allá, las comparaciones con el pasado son arbitrarias. Indiscutiblemente, en algunos aspectos, el modelo de Bukele lo aventaja. Pero el relato oficialista predica que el presente es superior en todo al pasado para lo cual deja de lado los datos, las estadísticas oficiales e incluso los registros audiovisuales. Muy a su pesar, un examen minucioso encuentra más similitudes que diferencias. Los diputados actuales, igual que los del pasado, se saltan la legislación electoral impunemente. Desde hace días piden el voto abiertamente. En realidad, no lo piden para ellos, sino para Bukele, a quien deben el escaño y la candidatura para reelegirse. Quizás por eso este los deja hacer, a pesar de haber prometido imponer el orden. Hay vicios tan arraigados que es casi imposible erradicarlos. El poder tiende al descarrío, sobre todo cuando está en juego la continuidad. Al igual que sus antecesores, los diputados de hoy se dejan ver en “los territorios” donde falta casi todo. Llegan cargados de pequeños regalos, incluso con calendarios, a pesar de estar ya en la mitad del año. Lo importante no es el paso de los días y los meses, sino la enorme fotografía de Bukele que los preside. Algunos incluso participan en actividades comunitarias. Practican el asistencialismo electoral para congraciarse con el electorado y, de paso, suavizar la miseria, en lugar de introducir reformas estructurales para hacerla retroceder. Sus predecesores repartieron tamales y guaro. Después agregaron gorras, camisetas y dinero. También negociaron votos con las pandillas. Este es un vicio de todos los partidos políticos, más de los oficiales. La coyuntura apremia, dada la posibilidad de perder terreno legislativo. La corrupción es otro vicio bien arraigado, que prospera a la sombra del poder. El oficialismo desmanteló la estructura creada para investigar la corrupción cuando ya había identificado doce casos ocurridos durante la pandemia. Hipócritamente, se rasgó las vestiduras de la honestidad por la administración discrecional de la partida secreta de Casa Presidencial. Pero no tardó en echar un tupido velo sobre su gestión. Más espeso que el de dicho fondo. Hace más de un año, el mismo Bukele reunió a sus colaboradores más cercanos en Casa Presidencial para advertirles severamente que no toleraría la corrupción. La amenaza se diluyó en el tiempo. Hasta ahora, no ha habido ningún avance destacado. A pesar del aviso presidencial, el oficialismo actúa como si la corrupción no existiera. Solo persigue a los corruptos caídos en desgracia, lo cual es más venganza que compromiso con una administración pública sana. Al igual que antes, la justicia del régimen de excepción se ensaña con delincuentes de poca monta mientras comulga con ruedas de molino. La corrupción es tan perniciosa como el poder absoluto. De hecho, los dos vicios van de la mano. El oficialismo necesita controlar la legislatura para impedir cuestionamientos sobre el enriquecimiento ilícito. El interés en un resultado electoral aplastante no es el bien común, sino preservar la posibilidad de desvalijar al Estado sin interferencias. Bukele podría comenzar a instaurar la ley y el orden metiendo en cintura a los suyos. Recursos para combatir la corrupción hay de sobra. El compromiso con la transparencia y la honestidad incluye a quienes se valen del poder para enriquecerse. El imperio de la ley y el orden trata a todos por igual y suele comenzar ahí donde la arbitrariedad es mayor. La experiencia aconseja escepticismo. El disimulo, el encubrimiento y la mentira descarada no perturban al oficialismo. Las estadísticas y la información están al servicio del engrandecimiento de la figura presidencial. De la misma manera que los diputados están convencidos de que legislar es gobernar, los voceros del modelo están persuadidos de que sus relatos adquieren realidad al verbalizarlos. Esta autosuficiencia llevó a la ministra de Educación a pretender ingresar en territorio hondureño luciendo su uniforme de fatiga militar, al margen de la diplomacia y la cortesía. La prepotencia fácilmente hace el ridículo. La administración negligente del Estado socava la institucionalidad y, en esa medida, impide la construcción de lo que han dado en llamar “el nuevo El Salvador”. Los enemigos más perniciosos del proyecto son los responsables de su ejecución, no los defensores de los derechos humanos y del medioambiente, ni los organismos internacionales, ni los fondos externos destinados a fortalecer la actividad de las organizaciones civiles. El enemigo más dañino bulle en las entrañas del modelo de Bukele. Si el único criterio es declarar que los de antes eran peores, el futuro ...
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    7 mins
  • Ni desarrollo, ni medioambiente
    Jun 26 2026
    Atribuir la crisis medioambiental al subdesarrollo como hace la cuenta en X de Bukele es un error de juicio que solo la empeora. El desarrollo sin más no ofrece ninguna solución. Sin embargo, el mandatario apuesta por esa vía para obtener los miles de millones de dólares que dice necesitar para limpiar los ríos, los lagos y las fuentes de agua, y para garantizar que permanezcan “limpios y brillantes”. Es una típica reacción a las críticas y a las protestas populares por la deforestación de El Espino. Aunque en su simpleza el planteamiento resulta atractivo, no resuelve nada. La crisis medioambiental no es causada solo por el subdesarrollo, ni el desarrollo la soluciona, sino la profundiza. El neoliberalismo es un depredador salvaje. Desde siempre, el capitalismo asumió que los recursos naturales son ilimitados y, por tanto, susceptibles de ser explotados sin contemplaciones. El liberalismo del siglo XIX estaba convencido de que el progreso, una vez empezado, sería incontenible. Reformó el ordenamiento institucional del Estado republicano, pero el progreso no llegó. Eso sí, colocó las bases para la progresiva destrucción del medioambiente. El subdesarrollo es la otra cara de la consolidación de la oligarquía agroexportadora. El desarrollo capitalista genera riqueza abundante, pero no proporciona forzosamente “los recursos necesarios para restaurar y proteger el medioambiente”, tal como asegura la presidencia. No lo hizo antes ni lo hará ahora. Mucho menos si le conceden toda clase de libertades, aun a costa de acrecentar los riesgos existentes en las zonas vulnerables. El desarrollo, entendido como industrialización y diversificación productiva, no superó la marginalidad y el atraso. A mediados del siglo pasado, los países latinoamericanos soñaron con imitar a los países asiáticos. El modelo no era replicable. Hoy, Bukele, pese a advertir que “la clave para salvar el medio ambiente no es mirar atrás”, parece resuelto a recuperar el modelo desarrollista fracasado para imitar a China, Japón y Singapur. Pero El Salvador no dispone del potencial material y humano para imitarlos. Los datos hablan por sí mismos. No solo es el país centroamericano con menor crecimiento económico, sino que la posibilidad de crecer está limitada históricamente por factores estructurales. Asimismo, es el país de la región con menor inversión extranjera directa, la cual más bien tiende a disminuir. A pesar de la propaganda, El Salvador no es atractivo. Además, su economía depende de la estadounidense, dado el peso enorme de las remesas. Ahora bien, el medioambiente y el desarrollo no son excluyentes. Este es necesario, pero debe estar ajustado a las posibilidades reales de un país con más de la tercera parte de su territorio extremadamente vulnerable a los deslizamientos de tierra y las inundaciones. La aproximación a un desarrollo sostenible a mediano y largo plazo requiere controlar las fuerzas indómitas del capitalismo neoliberal, que prioriza la explotación sobre la sostenibilidad. No obstante, la presidencia piensa el desarrollo en los términos del siglo XIX. Su idea es impulsar un desarrollo tan intenso, es decir, explotador, que arroje los miles de millones de dólares necesarios para invertir en la conservación del medioambiente. Pero para cuando llegue ese momento, habrá poco que restaurar y proteger. Sin embargo, no todo está perdido. Un plan de nación orientado a superar los factores estructurales que entorpecen el crecimiento y una voluntad política visionaria y fuerte, resistente a las protestas y los chantajes del capital, puede controlar sus ambiciones y dirigir un desarrollo sostenible encauzado a reducir la pobreza y la desigualdad, y a elevar el nivel de vida de las mayorías. Por ahora, no hay señales de un cambio de este calibre. La concurrencia tardía de altos funcionarios gubernamentales, incluido el ejército, a un complejo de apartamentos de lujo, cuyas fundaciones quedaron al aire libre por mala construcción, es una muestra de lo que no debe hacerse: remediar el desastre en vez de prevenirlo y ocuparse solícitamente de un edificio donde residen algunos diputados mientras que los habitantes de territorios vulnerables, también castigados por lluvias torrenciales, son abandonados a su suerte. La prevención debiera ser una actividad permanente y universal. Asimismo, es urgente intervenir lúcida y drásticamente dados los efectos cada vez más destructivos del cambio climático. El fenómeno de El Niño que ya hace sentir sus embates es una nueva advertencia. Atribuir los males del país a una sola causa es un paso en falso que solo agrava una crisis ya de por sí aguda. La solución tampoco es simple. Bukele crea la impresión de que la respuesta está al alcance, cuando, en realidad, su aproximación pospone de manera indefinida comenzar a poner manos a la obra. Crea la impresión de que el cambio está en camino para no cambiar. El ...
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    7 mins
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